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sábado, 3 de junio de 2017

La difusa línea entre no decirle a alguien cómo debe identificarse, y tolerar la homofobia


Holi.

Estaba dándole vueltas a un tema que me tiene rayado. El otro día Clara Lis, una tuitera estupenda que siempre está ayudando a la gente a resolver sus dudas sobre cuestiones de género y sexualidad, escribía esto en su cuenta:


Ella explica en este hilo que no podemos exigirle a nadie que encaje en las definiciones que nosotros tenemos de una etiqueta, y que las etiquetas están, precisamente, para generar vínculos y NO tensiones ni conflictos innecesarios; existen para ayudar a la gente a comprender, a comprenderse, y permitir que vaya definiéndose con aquellas que más se adecuen a quiénes son realmente.

Estos razonamientos que explica Clara vienen muy bien, por ejemplo, para aplacar esas absurdas "peleas" que se gastan bisexuales y pansexuales cuando unos se acusan a otros de que su etiqueta es la mejor, o más o menos válida. Porque tanto unos como otros deberían respetar que cada persona elija definirse con aquella que sienta que se adapta mejor a ella o él dentro del amplio espectro LGTB. Hasta aquí todo bonito, ¿no?

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Pero yo me pregunto, ¿y qué ocurre con aquellas personas que se agarran a la etiqueta de "heterosexual" como a un clavo ardiendo por miedo a salir del armario y/o por homofobia interiorizada? Clara dice que "es tan fácil como decir que PUEDE que no seas hetero", usando el condicional. Y sí, vale, suena precioso y muy respetuoso, pero... ¿qué ocurre cuando esa persona se reafirma y te dice "nop, sí lo soy"? ¿Ahí debe acabar todo el debate?

Yo tampoco creo que sea una solución negarle a nadie, y menos de forma agresiva e insistente, la etiqueta que ha elegido. Sin embargo, creo que Clara ha sido algo tibia a la hora de valorar la magnitud del problema. No se trata de decirle a nadie qué debe ser, pero sí de señalar casos donde esa decisión se fundamenta en razones homófobas que perjudican al colectivo, perpetúan esteriotipos y nociones equivocadas sobre conceptos.

Caso, por ejemplo, de una chica que conocí y se definía a sí misma como heterosexual. Y se definía a sí misma como hetero mientras salía con otra chica y tenía una relación de pareja con ella (LoL). Y yo me pregunto, ¿no fue eso una falta de respeto hacia la otra chica? ¿Hacerla sentir como que ella no era una pareja "de verdad", y que nunca podría serlo por no ser hombre? ¿Como que era una broma, una fase? ¿No fue esto jugar con sus sentimientos? Y lo mismo aplica para otro chico que salía con un hombre pero, sí, se definía también como heterosexual (por mucho que le explicases las opciones existentes...)

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No voy a ser yo quien se presente todo asqueroso a proclamar que "EY, SOIS BISEXUALES, PELOTUDOS", pero me parece que aquí hay un problema por dos motivos. 1) ¿Por qué ese empeño en definirse como heterosexuales a pesar de estar claramente atraídos por una persona del mismo género, por mucho que sea una entre un millón o un caso excepcional? Y yo respondo que es por esa tranquilidad, esa seguridad, llamadlo como queráis, que da el sentir que sigues siendo "normal" y socialmente aceptado dentro del heteropatriarcado; que es por "tan poco" que, ey, no eres LGTB. Y 2) lo peor es, como decía, que esta actitud hace daño a otras personas a quienes esa etiqueta les genera una frontera psicológica con su pareja/ligue/lo que sea.

¿No os resultaría humillante salir con alguien que dice ser de una orientación sexual que os excluye? No sé, PREGUNTO. Por no hablar de que todo esto perpetúa prejuicios contra la bisexualidad y genera más confusión sobre ella, como si para ser bisexual te tuvieran que gustar hombres y mujeres fifty fifty, todo así medido con regla y pesado con balanza.

- Perico...
-¿Qué?
-No homo

Entonces nos encontramos con que surgen artículos como el que explicaba el "bud sex", que es sexo entre hombres por placer que SON HETEROS. Y claro, te quedas muerto, enterrado y comido por los gusanos. Tienen tanto miedo de aceptar su homosexualidad/bisexualidad/LO QUE SEA, tanta desesperación por proteger su masculinidad, que se aferran de forma, en mi opinión, desesperada y patética a su heterosexualidad. Pero su heterosexualidad es como el racismo inverso, el hembrismo, la heterofobia o mi autoestima: NO EXISTE.

Clara Lis propone que les digamos que "puede que no seáis heteros". Y ya está. Pero creo que el problema requiere de muchísimo más diálogo, inciso y, sobre todo, crítica, porque no se trata de que estén eligiendo libremente su etiqueta: se trata de que lo hacen movidos por su miedo, por su homofobia interiorizada, y esto no hace bien a nadie.

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