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sábado, 19 de noviembre de 2016

Hitos del feminismo: 'Un cuarto propio', de Virginia Woolf


Este año no ha sido todo lo prolífico que me hubiese gustado en cuanto a lecturas se refiere, pero puedo decir que estoy satisfecho: he leído varios autores clásicos a los que tenía muchas ganas de conocer. Y uno de ellos ha sido Virginia Woolf, una escritora que me generaba mucha curiosidad... especialmente -la verdad sea dicha-, desde que la vi siendo magníficamente interpretada por Nicole Kidman en The Hours (2002), una película que es MARAVILLOSA y donde también participan como co-protagonistas Julianne Moore y Meryl Streep, Diva Suprema del Universo.

Debo admitir que la Virgi me intimidaba un poco. Las Olas, publicada en 1931, tiene fama de ser un gran reto intelectual. Pero... no pude resistirme. Tenía muchas ganas de conocer a una de las autoras más importantes del siglo XX, cuyo pensamiento ha influido tan profundamente en el movimiento feminista. Quería saber, en definitiva, a qué venía tanto ruido con esta enigmática mujer, cuya vida ha sido objeto de tanta admiración: quería adentrarme en su mente, palpar de cerca su contribución, comprender a qué venía tanta fascinación por ella.


Investigué; consulté a mi mejor amiga, que estudia Filología Inglesa, y me explicó que La señora Dalloway, publicada en 1925, es una de sus novelas más "fáciles". Un buen sitio por el que empezar, aparentemente. Y, sin embargo, el libro que me atrajo en la librería fue Un cuarto propio, un ensayo, no novela, del que había oído hablar muchísimo. Sobra decir que no pude resistirme. Fui a por él, A LO LOCO. Pensé que un ensayo sería una primera toma de contacto más sencilla y más "íntima" con ella, con la autora en sí.

Cuesta un poco conectar con la Virgi. Conozco a otras personas a quien les ha costado adentrarse en un escrito suyo, y no puedo culparles: su forma de expresarse, de hilar pensamientos unos con otros, puede ser tan fascinante como desconcertante. Virginia no es directa: es reflexiva, se toma su tiempo para llegar a donde quiere llegar. Por eso quizá al principio me costó algo "engancharme"; pero eso fue solo al principio. En cuanto conectas con ella, la lectura fluye maravillosamente. Ni Pocahontas fluye tanto río abajo, de verdad os lo digo.

Un cuarto propio está basado en unas charlas que Virgi dio en 1928, el período de entreguerras, en las dos universidades femeninas de aquel entonces en Inglaterra; fue publicado, por tanto, en 1929. Lo que se lee en sus páginas son reflexiones de Virginia sobre la mujer y la novela; el fin principal, el sentido de sus palabras, era alentar a esas jóvenes universitarias a ser escritoras. Por eso me he sentido, en cierto modo, como un "intruso" leyéndola... pero ha sido una experiencia que lo ha valido.

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Es increíble pensar que las reflexiones de una mujer que vivió en la primera mitad del siglo XX sigan cargadas de tanta pertinencia, pero así es: en un número relativamente escaso de páginas, Virgi habla de muchísimos temas controvertidos que siguen estando a la orden del día. Hace unos análisis históricos y psicológicos tan brillantes, con tanta sagacidad, que harían sonrojarse a cualquier experto de esas dos ciencias.

Si algo me ha gustado de Un cuarto propio es lo comprometida que está la autora con proteger y potenciar la identidad de cada individuo. Se pregunta: "¿no debería la educación de desarrollar las diferencias de cada uno en lugar de pretender que todos sean iguales?". CÓMO DE GENIAL ES ESO, ME LO EXPLICÁIS.

Pero lo mejor es su inteligencia emocional. Virginia entendió muy bien una emoción importantísima, muy extendida, y que muchas veces nos condiciona incluso sin que nos demos cuenta: la ira. Ella misma siente ira cuando es discriminada por no poder acceder a tal o cual sitio de la universidad pero, en lugar de rendirse a ella, se sienta a analizarla con una fina ironía que resulta deliciosa de leer.


Se niega a perder el control, porque no quiere que el odio y el resentimiento contaminen su obra de la forma en que, según ella, ha contaminado tantas otras obras de tantas mujeres previas a ella; pone de ejemplo Jane Eyre. En el caso contrario, explica que Jane Austen pudo lograr en Orgullo y Prejuicio una novela "íntegra": una plasmación plena de su idea, de su ser, y esto es precisamente porque el resentimiento por el sexo contrario no la manchó como a Charlotte Brontë.

Pero la ira no está presente solo en las mujeres: Virginia se sorprende al comprender que muchos hombres a quienes lee opinando sobre las mujeres están, de hecho, llenos de ella. De forma más o menos sutil, más a o menos camuflada, pero ahí está, presente, empañando las palabras. Hombres llenos de ira haciendo mansplainings por miedo no a que ellas dejen de ser inferiores... sino a que ellos dejen de ser superiores.

¿Y esto de qué nos suena? EXACTO. Es lo que sigue ocurriendo hoy en día cuando tantos hombres opinan sobre el feminismo. En muchos de ellos -no en todos, ya, ya, #NotAllMen-, hay una emoción en sus palabras que resulta desagradable, difusa, comedida (o a veces, ni eso); y puede costar identificarla, pero se trata indudablemente de ella: de la ira.


No hay más que leer la sección de comentarios de cualquier artículo feminista de @Barbijaputa para observar que la ira y otras emociones tóxicas cubren las opiniones de cientos de hombres que tienen la empatía en el ojete metía -si me permitís la vulgaridad-, y que se desviven por sacar de sus supuestos errores a una feminista que bien puede ser algo incendiaria en Twitter, pero que tiene unos artículos que yo personalmente encuentro casi siempre bien argumentados y muy iluminadores.

Un cuarto propio, por tanto, es un libro que constituye una lectura fascinante y muy didáctica; incluso diría que es de "paso obligado" para cualquier feminista y para cualquier hombre que se interese por la causa. Tiene una sensibilidad y unas ideas tan transgresoras, tan excepcionales, que no ha perdido casi ni un ápice de modernidad. Habla de temas como la homosexualidad (#BOLLODRAMA) y la necesidad de fusionar cualidades femeninas y masculinas en un mismo individuo. Y he aquí, en las siguientes líneas, algunas de las mayores verdades del ensayo sobre esa cuestión:


"Son los valores masculinos los que prevalecen. En términos generales, el fútbol y el deporte son "importantes"; el culto a la moda, a la compra de trajes, "triviales".

Esos valores se transfieren inevitablemente de la vida a la novela. Este libro es importante, da por sentado el crítico, porque trata de guerras. Este otro libro es insignificante porque trata de los sentimientos de las mujeres en un salón."


Como veis, las palabras de Virgi sobre este tema siguen siendo relevantes: no es solo que reivindique la importancia de la Historia de las mujeres, es que dictamina -y muy agudamente- que la sociedad valora las cualidades puramente masculinas, despreciando todo lo que tenga que ver con lo femenino. Por eso "eres un marica", "una nenaza" o "corres como una chica". Porque el éxito solo puede conseguirse con actitudes masculinas. O eso es, al menos, lo que nos imponen y hacen creer todavía hoy.

Lo que propone Virgi, pues, es un "cerebro" que condense lo mejor de ambos géneros, lo cual es una idea no solo loquísima para 1929: es que es loquísma aún en el siglo XXI.




¿Qué me decís vosotros y vosotras? ¿Habéis leído a Virginia Woolf? Si no es así, os la recomiendo encarecidamente: ha sido una de las lecturas que más he disfrutado este año.

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